8 mar. 2010

la orientación, el norte, caminos

Cualquiera dirá que la foto está mal realizada por estar inclinada. Poco importa si refleja la situación por la que pasa una sociedad: debiendo servir de referencia a la navegación, sin embargo está inclinada hacia algún lado, de carácter dudoso. En Andalucía ocurre como en cualquier otro sitio pueda ocurrir: la vida, las prácticas, las personas, los hábitos, todo puede encontrarse de todos los colores. Encuentras andaluces muy grandes, con mente clara, personalidad y al tiempo sencillez; y andaluces pequeños, que nada tienen que enseñar a los primeros. Y esto no va por castas. Ni por clases sociales. Es una característica independiente del lugar geográfico o idioma, de la raza o sexo, la que se encuentra o no se encuentra, y permite que las cosas crezcan, o no crezcan: la dignidad personal. El andaluz digno (y los hay, es de verlo que los hay, un regalo) reconoce que en su tierra es tradición el hundir a las gentes en la continuidad de la ignorancia, de la tradición sin sentido, de lo fácil: y esto desde las instancias más poderosas, que no son únicamente ni las oficiales ni las legales.
Quiere la ironía ser que una tierra con especiales valores naturales haya sido secularmente abandonada y arrasada. Que el delito sea tan necesario en ocasiones que difícilmente sintamos que pueda ser juzgado. Que el abandono personal acabe con cualquier criterio indispensable en la vida. Que la sinrazón acabe convirtiendo en un loco a quien pretenda seguir siendo lo que es como se le permite, agricultor. Que se convierta en inteligencia el vivir riéndose de todo por costumbre y apego.
Hasta morirme me alegraré de ser independiente de raíz.
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