2 feb. 2010

Cádiz

Buenos días a todos (esto es como levantarse de la cama). Llevo una temporada que ni apetece, ni está uno para entrar por aquí. No es que falten cosas que contar, pero es mejor trabajarlas con un buen objetivo, y no es este el sitio.  Sin embargo, sin embargo, con motivo de obligaciones estudiantiles (que uno tiene que disfrutar y sufrir al mismo tiempo) estuve en Cádiz, con menos tiempo de lo que es deseable pero suficiente para dar un paseo. Mi parecer es que se encuentra en ese proceso de rejuvenecimiento que van encontrando todas las capitales de provincia. Intentar hacer las cosas correctamente obliga a tomar el camino que toman todos, y así ocurre en Cádiz. Algunas reformas importantes (protección y adecuación de muros en la costa, playas, aparcamientos) son los mismos que pueden verse en otros lares. La luz, el blanco y el azul, el viento fuerte, las calles "apretadas", el despiste entre adoquines, le es propio.  Una de las cosas que me encanta ver, normal, sin que destaque, y pese a ser yo un no votante apolítico, desconfiador deportivo de la especie española demagoga, es notar ondear las banderas en los altos, con tranquilidad, con limpieza. Es síntoma de que no molesta. Y sí agrada. Los parques con especies exóticas plantadas por algunos varios amantes de ellas, no proliferan pero se dejan ver en muy buen estado. El Ayuntamiento dedica varias plazas a históricos militares. Las tiendas modernas (qué poca imaginación se gasta en ellas) pueden verse casi entremezcladas con la antiguas, algunas con un género sorprendente dentro de ellas. Todavía es posible entrar, preguntar, y obtener la explicación de una mujer de 60 años, que con los ojos brillantes, con una sonrisa,  te indica dónde, a qué hora,qué preguntar, para obtener lo que quieres (eso es vender, y lo demás, abrir negocios). Vamos, un placer. 

Las gaviotas (controlando), las palomas (en cuadrilla de a 20), los gatos (calculando posición),  los jubilados (depositados en los bancos), las madres (y sus hijos adentrándose en el riesgo como siempre), los hippies perdidos (atravesando siempre una plaza por medio), todos y todo se mueve tranquilamente, sin ruido, sin prisa. Además de otras lides, prometo hacer alguna escapada en profundida a Cádiz, para airear en este blog: mereca la pena su carácter. Este año las lluvias han devuelto el agua a tantas zonas olvidadas del hombre, y aún más belleza promete la primavera. ¿Cumpliré?  Misterio.


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