2 jun. 2013

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(Prometo que este post no lo he producido de "sopetón". Lo he encontrado como borrador en el blog: al parecer, no me decidí a publicarlo o se quedó ahí congelado en el frigorífico digital. En cualquier caso, me sorprende el contenido, y cuando menos de hace gracia).  (29/07/11)

En tiempos tan convulsos, ¡cualquier valiente o “valienta” se atreve a decir nada!, ¿no? (ay, se les escapó dotar de género a los adjetivos, a los y las igualitarios e igualitarias). Y la FAO diciendo que las mujeres gestionan mejor, y más cosas. Pero vete a admitirlo...

Me ocurre últimamente ello, que no coincido ni en lo mínimo con cuanto oigo que sucede de malo. Oigo que faltan cosas como el dinero, como la confianza, como el control, y más suerte de faltas en boca de todos. Y no dejo de sentir que, éstas palabras, corresponden a una sensación selectiva, sólo de lo que interesa puntualmente. Digo yo: ¿no será que faltan bastantes cosas más, y más importantes, y esenciales? Yo me desvinculé de la psicología hará ya un buen número de años, y no continué ésos estudios. Me decepcioné, más aún cuando dos amigos y psicólogos, me indicaban lo mismo: sólo se trata de cubrir las necesidades, y, una vez cubiertas éstas, ya nada más vemos.  Eso es Economía de mamíferos.

Cuanto más fácil resulte entender algo, más despreciable, más ridículo, más inocente tontería parece, más utópico, más inválido lo hacemos, aquí, en nuestra patria. Es un arte bien conocido: aprendemos bien en todas las esferas de la vida a despreciar aquello sencillo y directo, porque no tiene alto valor añadido. Y de eso se trata, de ser el primero en encontrar una forma de hacer algo nuevo, que, no sirviendo en poco o en mucho a nadie o alguien, se venda a alto precio, y así seamos quienes cobremos el porcentaje de dicho valor añadido. ¡Para eso hemos innovado!, precisamente. No nos molesta encarecer y endeudar la vida, si somos nosotros quienes salimos ganando. Sí nos molesta, si no se comparte con nosotros. Pero, en cualquiera de los casos, aceptar ésta práctica, siempre es negociable. Que llueva para algunos, pero que llueva. De este modo, hemos acabado comiendo tomates que saben a ¿pollo?, pero, eso sí, calibrados, con color Rojo Pantone 485, sin atisbo de dudoso virus viajero incorporado, empaquetado, rastreado, y a precio chic.

Así nos encontramos a la vuelta de una esquina cualquiera, con que alguien, innova, mejora la disposición y accesibilidad al arte, aglutina un nuevo mecanismo de oferta cultural, construye un nuevo paradigma del saber, designa a dos o tres gestores especializados, y funde tiempo, espacio, oportunidades, atención, y unos cuantos cientos de millones de monedillas, cobrándose el muy sudado porcentaje del valorcillo añadido, con el cual se dedica a levantar una morada poco cultural pero también con valor añadido, para descansar, tras su agotadora carrera profesional, y de esta guisa refugiarse de las dificultades de la vida. Aquí sería una bonita pincelada el grave y profundo ¡Jo, jo! de Papa Noel.

De igual modo no nos incomoda el bullicio de nuestra preciosa costa (de momento, ya se acercan tiempos que no esperamos, paciencia): y es lógico, pues ¿adónde iríamos a tomarnos nuestra cervecitas con los amigos?, que... que nos lo merecemos, porque sí, porque sabemos vivir. ¿A que sí? Ea, pues, adelante, continuemos, y aún somos grandes, para decir con toda nuestra ingenuidad ante el resto del mundo (a quien, por cierto, no necesitamos escuchar, nosotros sí sabemos vivir) que todavía tenemos playas vírgenes. Serán playas vírgenes modificadas, diría yo.

He creído escuchar que “tenemos” un problema con la juventud “excelentemente preparada”. Uf, creo que el eco de unos cuantos docentes me viene por momentos. El “tenemos”, no sé con claridad a quiénes se refiere: ¿a los padres de los estudiantes que no encuentran un puesto fijo? (puestos fijos seguirán teniéndolos, los acólitos familiares de las monarquías en países subdesarrollados, by face); ¿a las empresas innovadoras españolas? (que buscan un tornillo mudo, con dos patas y dos brazos para atornillarlo a un área productiva intensiva); ¿a las instituciones públicas? (que se aseguran de que quien llegue “no revuelva más el polvo, sea el guapo/a que sea”).

El conjunto de palabras “excelentemente preparada”, es sustrato suficiente para diez o doce congresos de ésos que tanto gusta desarrollar, organizar y cobrar. Los que van con estancia, hotel, relaciones y encuentros interpersonales. Pueden estar excelentemente preparados, cierto es, pero estarlo para hacer, lo que y cómo, desde la instancia formativa máxima (la docta, secular, inmutable, divina y excelente Universidad) y la clase contratante (la empresa bien situada) se orienta, indica, aprueba, permite, regula y controla. No, por favor, no, a ésta altura de la vida, ¿más cuento, aún?, no, por favor, si es posible evitar más derroche de cuento.

El problema, si lo hay, puede ocurrir un pelín de tiempo más adelante. Cuando las directrices en el trabajo cambien nuevamente, y se descubra que, la impronta que han recibido los pupilos españoles, unida a la falta de crítica y perspectiva a la que se habitúan en sus años de feliz estudio, de nada vale, porque, lo que antes se consideraba bueno, ya, según lo ofrece el mercado, se considera malo. ¿Y eso?, ¿pero es posible? En el mercado, las reglas son ésas: un día es científico lo realmente malo, y se vende: y otro día deja de serlo, dando paso a otro nuevo mercado. Siempre hay tiempo para rectificar, el tiempo que resulte rentable errar.

Importan las necesidades. Está por descubrir, por subir a superficie y flotar, el cuento oscurantista de la enseñanza. ¿De verdad se pretende que dos millones de estudiantes innoven a través de dos millones de estudios o tesis, sobre aspectos significativos, así, de repente, con más intensidad y en menos tiempo que los verdaderos innovadores en ciencia durante siglos? Yo... ¿Estaba leyendo a Blancanieves, o el café tiene alguna droga? Algún experto (con cuarenta años a sus espaldas de rabietas, curro, soledad, colaboración externa, nunca interna) es humilde al respecto, y ¿se dice impulsar la innovación? Se impulsará el curro de laboratorio de los que quieren un puesto, y deben tragar los proyectos de alguna empresa, y, ésto, atándolo con varias ristras de pinzas. ¿Algún investigador becado doctorando está en desacuerdo?

Me pongo en la piel de un buen trabajador, de tantos, y sudo pensando en ello. Me pongo por contra en la piel de un político de nuestras cuatro últimas décadas, y respiro tranquilo (por fin, ya era hora, algo bueno tenía que suceder): sigue siendo fácil el manejo de una población que no se ha planteado mayor herramienta ni conocimiento que el grito y la protesta, solo porque son necesarios y un perfecto derecho. No nos hemos sentido obligados ni necesitados, ni sentimos un ¡Basta! ante problemas, que son tan evidentes como la existencia del Sol. En su día, las madres gallegas lo hicieron por necesidad, mientras que las que no lo necesitaron, no lo hicieron. Así nos protegemos, como el galápago de la fotografía, cuando no nos conviene, nos metemos en un caparazón, y salimos solo por interés.

A nadie se nos ocurre ni pensar, ni imaginar que, un pueblo elegido al azar, pueda cambiar en unos años (pongamos diez): los griegos, son los griegos; los británicos, son los británicos; los marroquíes, son los marroquíes... Hoy, y dentro de diez años. ¿Y nosotros? Ningún columnista de prestigio, ningún pensador filósofo, ninguno de los eminentes catedráticos, ningún político, ninguno que tenga claro cuál es su valor añadido, hará una lista de nuestras incongruencias, contradicciones, ignorancias, cegueras, y menos de nuestras perezas. Nadie cuenta nada feo, no se paga ni cobra por ello. Aquí, eso no tiene valor. Tiene valor innovar, despistar la situación dando de comer a unos pocos colaboradores.

Si un artículo periodístico publicado (que puede tener detrás un periodista-robot) dice que "la leucemia es la culpable de X muertes", sólo vemos, que “una terrible enfermedad, horrible, que lacera nuestra población, que debe ser combatida por las instancias superiores, de la que deben protegernos, arrasa repentinamente desde hará unos años, y corremos el riesgo de padecerla".  El resto de los miles de causalidades que también existen en la vida, no nos interesan.  Y, tener en cuenta que protegerse de la leucemia organizadamente unos pocos millones, exige un esfuerzo muy alto... eso es muy complicado. Vamos a tomar una cervecita. Y lo que pasa más allá, por allá, por donde trabaja Pepe, comprando algo, no sé qué, eso es asunto de ellos.
Así, ¿Cómo van a interesarles a los demás millones que también comen y defecan (6950 millones, aproximadamente) nuestras cuitas? En absoluto, nothing.

Ya no hace falta acudir al fútbol, a los toros, al chiringuito, al botellón, al todoterreno, al consumo de ropa, para caracterizarnos. Es suficiente con dejar que el tiempo continúe depositándonos suave y delicadamente donde realmente estamos. Algún día, por necesidad (esa mágica fuerza terrenal que todo lo alcanza) bajaremos la cabeza, y la pondremos mirando al frente, mejormente pensando bien lo que hacemos antes de hacerlo.

¿Quién se atrevería a decir las toneladas de cuento que llevamos a nuestra espaldas? ¿Quién no conoce en su interés o necesidad, unos cuantos kilos de cuento que sufre en su contra, y otros tantos a su favor? Disponemos de una inteligente razón para continuar haciendo aquello que años atrás ya supimos que no era deseable: solos, nosotros individualmente, no influimos en nada, y por lo tanto podemos tranquilamente seguir haciendo cuanto estúpidamente hacemos, sin rendir cuenta a nadie, y pudiendo alejar la responsabilidad en instancias superiores.

Y dale: no podemos comer, tenemos que maridar la comida. Y a la playa vamos, se aparca el todoterreno, tras apagar consola, GPS, iPad, móvil (¡no, pardiez!, ¿qué he dicho?, ¡el móvil lo necesito!).

Y todo, todo ello, porque unos años atrás descubrimos que nos perdíamos todo aquéllo que, vimos hacían quienes vinieron a vernos, los ricos, los del Norte. Y nosotros, por supuesto que nosotros, no podía ser de otro modo, somos como ellos: ricos, listos, rápidos, gastadores sin problemas, y toda la retahíla de imbecilidades.

Firmado, a 29 de Julio de 1212, en Hispania.
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