28 may. 2010

donde el reloj se duerme

Bien. Por fin estamos de nuevo conectados a larga distancia. Telefónica se convirtió en una enemiga... incapaz de cumplir sus compromisos.

Hoy salí de casa con un día soleado, en busca del autobús que se dirige a Tarifa. Alarih, aceptó la indicación de quedarse en la hierba del jardín, como ya sabe claramente. Pero al alejarme de casa, salió cautelosa, fugándose por su particular butrón, trotando despacio en dirección contraria, hasta que le avisé. Volvió con la cabeza baja mirando de lado. Entró modosa, ¡e intentó la hazaña por segunda vez!. De nuevo volvió a casa, la seguridad lejos de la carretera es lo primero: no volvió a hacerlo. Ello me recuerda la comunicación de intenciones que existe entre perro y hombre. Forman parte de tu clan, eres para ellos el jefe de manada, y eso es salud y organización para ellos.

En el autobús, los campos de margaritones, lilas, ajonjolis, pasaban raudos, entre los gigantes aerogeneradores, los toros recorriendo las cosechas, y las garcetas persiguiéndoles. Pablo, un hombre con piel morena y arrugada, pelo blanco y corto, y gafas de concha, subió en Tahivilla, a 15 kilómetros de Tarifa, con sus dos cestas de hierbas para el restaurante. Acercándonos a la costa, los "kites" sobrevolaban la playa.

El Poniente y Suroeste azotaba fresco hoy el pueblo. En la ferretería, todos se agolpaban atentos a no perder turno, buscando pintura, tornillos, gomas, cuerda. Desayuné en el Café Azul (a las 12 y media): una tostada con tomate y aceite, y un café. Mientras, un grupo de alemanes imperaba con su voz educada en el local, alrededor de varios cafés e infusiones.

En las callejuelas, operarios terminaban los trabajos previos al verano, y en el puerto faltaban las embarcaciones, casi todas en la mar. El Festival de Cine Africano ya empezó, y se presencia el revoloteo de cinéfilos y demás implicados por las terrazas. Un mauritano oscuro como la noche, con un kashur que le cubría como un camisón, un gorro azul y un fular naranja, buscaba billete para Algeciras.

El autobús, a la vuelta, trotaba por las calles de Facinas, descendiendo por general Moscardó. La vida cambia de tinte aquí, desabigarrada, luminosa, se difumina de un sitio a otro.  Fácil resultó hoy describir todo esto como un escritor de la Academia. Los adjetivos, los adverbios y los sustantivos estaban por donde se mirara.

Empezamos la andanza en firme, en breves días. Ya era hora.

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