12 sept. 2012

toros: mi opinión


Toros, lobos, osos, linces, árboles, paisajes, bosques, costas: todo lo que es susceptible de ser pillado puede ser abatido o cosechado, y al morral.

¿Combatir, tendrá que ser algo merecible, no? Tendrá que serlo para borrar errores, vergüenzas o salvajadas. Combatir la ignorancia que se disemina por la geografía española, por ejemplo: a mí no se me ocurre otra opción que razonar mi postura contraria, mostrando razones que creo son de bastantes.
Me pregunto si cazar un elefante en Botswana, fue reprochado por el derroche, o por la acción. O si podríamos matar animales sin percibir nada por ello.  O si existe un límite claro para asegurar que hay algo que no sea cosechado o cazado por tradición. ¿Podríamos tener permiso para recuperar algunas tradiciones seculares, sangrientas pero tradicionales? Como es natural que ocurra, la visión de qué hacer al respecto, depende de quién y desde qué interés lo mira. A más de ello, reflexionar, o siquiera someter a razón temas tradicionales como la caza o la “fiesta”, está tradicionalmente “mal visto” en éstas tierras.
En los años 50, la mismísima Administración Española premiaba la captura y limpieza de animales que se consideraban dañinos: las "alimañas" (Ley de Alimañas). Félix Rodríguez de la Fuente salía en TVE con educada y convincente voz a combatir el hecho, sólo como recomendación: más no se le permitía. Mientras tanto, el secretario de la F.E. de Caza, asesor del Consejo Superior de Caza y Pesca, un licenciado en C.N., (el Sr. Luis Pardo) escribía un libro sobre Zoología Cinegética de España: a sus lectores les "asesoraba", indicando las provincias que se encontraban "infectadas" por la presencia de lobos. Ahí es nada. No quedaba por ver entre las matas del campo y monte español nada que no fuera dañino y perjudicial. Y así estamos ahora. Así supongo yo que debe haber ocurrido con el resto de especies, ¡aunque nos parezca extraño!, alguna explicación tendrá que hayan caído pájaros, anfibios, y mamíferos. Yo, a lo largo de veinticinco años, he notado claramente la pérdida.


Cuando se dice que está en marcha el "proyecto de conservación ... del lince ... su reproducción ...", se está hablando de mantener no más de 1.300 felinos que quedan, repartidos en fragmentos de territorio español entre el Mediterráneo y la costa de Doñana (¡vigílelos quien pueda de la escopeta!). Es decir, que no quedan prácticamente ni para sacarles fotos, y que salgan guapos y diferentes. Genéticamente, se reconozca o no, ya está perdido el control sobre el problema, sin menospreciar el trabajo del equipo responsable: ellos no han decidido cuántos linces recibían bajo su protección. El mismo asesor de caza nacional, recomendaba que "la piel de lince es muy solicitada en peletería por su escasez, utilizándose principalmente para adornos, sobre todo la región ventral, cuyo pelaje es más blanco y sedoso; la piel entera se emplea también a guisa de alfombra”: así, la piel variaba en precio entre las 700 pesetas de la marta, o las 300 pesetas de la garduña o de la nutria.

Un ingeniero del antiguo ICONA, que escribió un magnífico libro sobre sus encuentros y seguimiento del oso pardo en la cordillera cantábrica y leonesa, al mismo tiempo reconoció que el auténtico motivo de las batidas de osos, las del "control poblacional" (ése recién llegado ecológico motivo venido al pelo del asunto) eran siempre el más sencillo y evidente: el momento único y distintivo que supone ser uno de los pocos que lo llegara a conseguir. Ahí empiezo a ver, medio escondido, nuestro más auténtico y genuino (y tradicional) ser cultural: no es de aprecio respetar la naturaleza tal cual,  en realidad es de valor el trofeo, la grandeza del atrevido cazador, la historia con que se puede obnubilar a otros. Ahí debajo se esconde la inferioridad, la falta de autoestima, la necesidad de hacer cosas fantásticas para "ser" alguien. Y esto es continuo: bajo la superficie del mar (el que practica el furtivismo de noche y saca el porrón de kilos de marisco, es el mejor, menudo fiera, qué listo, ése sí que sabe; y si nos regala algunos, pues nos reímos y a la cazuela). Y siempre cerca el valor económico que le sabemos sacar como nadie en el mundo: ¡acabáramos!.

No nos quedamos cortos con lo que no está vivo: si hay una ruina y tenemos la muy ligera, vaporosa, la lejana sospecha de que pueda ser importante o valiosa, y nadie nos ve, pues hala, al morral, o a la camioneta. Y si hace falta camión, pues se llama a Juan, que nos apoya.

El arbolado, que no mire para otro lado: que no, que no se salva, a arrimar el hombro como todo el mundo. Unas veces porque al Estado le interesó, otras porque no me rentaba la madera, otras porque tampoco me dejaban pastar con el ganado, otras porque se la juré a Basilio, arbolado para aquí, arbolado para allá, dejamos limpio el panorama hojoso español en cuatro siglos: eso es constancia, eso es perseverancia. Y hoy siguen algunos, todavía ... con la tradición.

El ganado, los animales, tienen su propia explicación: están para trabajar (exclusivamente), y si fallan (que ya no caza, que ya no tira fuerte, que ya no pagan por él, que come mucho, que cuesta mucho la vacuna), pues "hay que retirar".  Así de simple es el sentimiento y razonamiento del "animalero". No busquemos más, porque sinceramente lo expresan así. No queda más espacio para más cosas dentro del razonamiento. Cuando una mujer inglesa se afinca en España (recuerdo a una persistente mujer septuagenaria, enseñando a varios colegios, en Punta Europa, siempre en guardia) tiene que prepararse para acudir al cardiólogo cada cierto tiempo: ver tanta miseria animal, por donde sea que mires, agria la sangre en las arterias. El lobo, el lobo es que mata (¿o era que en la Tierra hay predadores carnívoros, y aquí también hay alguno?). Si no sabes porqué, ya te lo explicará algún rural autóctono que sabe mucho: los estorninos, porque cagan, manchan y traen enfermedades muy malas, ¡fuera!; los insectos, porque molestan , tienen que estar fuera de donde vivimos, pican, y dan alergias (?); y así, con estas explicaciones biodiversas, con ésta sabiduría popular, el conocimiento tradicional, venido tan desde no se sabe cuándo, de antiguamente antes que Cristo, pues hemos dejado el panorama ibérico limpio de molestias. Ah no, cierto, me equivoco: nos quedan los parques. Y el gusto que da entrar en ellos, tan bien acondicionados, con cafetería... césped... servicios... spa... guardería... a falta de un psicólogo.

En Navarra, algunos ganaderos se indignaron cuando comprobaron que los buitres "atacaban" al ganado vacuno (léase, un ave de 3-5 kg se lanzaba valientemente y con arrojo contra un ternero o una vaca de 250-350 kg). El Gobierno destinó unos fondos a la realización de una investigación profunda sobre el preocupante cambio de la conducta de los buitres, y el mismo tocó en lid a un naturalista serio, quien, tras días de acampada, descubrió que los buitres, cuando ven mermadas sus provisiones naturales, son mucho más certeros al descubrir el ganado ya enfermo o moribundo, y más impacientes a la hora de comenzar el festín, pero continuaban siendo tan incapaces como se les suponía hasta entonces de semejante hazaña. Unos días atrás, en un mercado tradicional-ecológico-popular, plantado en el medio de la ciudad, pudimos disfrutar de una "exposición viva" de animales: una mofeta haciéndose por si acaso la loca, un zorro cardíaco por el bullicio, un búho real que optó por hacerse la estatua para no llamar la atención, algún halcón de cetrería... no vi la pértiga para tocarles, para que "se muevan". No salimos, no salimos de la ignorancia, de la estupidez, de la contradicción. No salimos del pasado oscuro, de la miseria mental.

¿Y los toros? Efectivamente, la fiesta está bien adornada, bien organizada, pero nunca dejará de ser el mismo impulso que el de tantas otras tradiciones: matar animales. Y sólo eso básicamente, matar animales, sumemos todos los aderezos que sumemos. No es la fiesta sola: la fiesta es parte de un puzzle de prácticas que tienen siempre en común el trofeo (escasamente femenino, siempre masculino), la demostración del matador o cazador, y siempre la sangre y el cobro del importe, porque siempre hay importe. No puede apoyarse porque vengan de lejos a verlo, también vienen de lejos a delinquir, y no echaría yo flores a ningún delincuente. La tradición también ha sido la de la mujer en casa, y la mujer no firma el talón, y la mujer con los hijos, pero hemos sabido abandonar una triste, natural, y humana tradición, conforme nos hemos desarrollado. Eso necesitaría la fiesta, desarrollarse, abandonar la ignorancia de la propia ignorancia. Sin acusar, pero evolucionando, porque es necesario evolucionar. En el resto del mundo no se comprende cuando se ve un reportaje. Y con tanta organización alrededor del tema, nos parecemos mucho a los cazadores (?) de focas, sean canadienses o japoneses. No importa. Se mantiene una ignorancia de la realidad y de la vida, porque no se ha evolucionado. Francamente, no encuentro disfrute posible en ver la trayectoria descendiente de un animal cualquiera desde un campanario (¿de dónde puede proceder una tradición así, de algún suicida de la Edad Media?), ni atizar con lanza a un animal cualquiera, ni dar hule cuando comienza la pasa. Incluso se alimenta la necesidad de matar, trayendo ciervos de Yugoslavia, y desperdigándolos por fincas, mansos ellos, tan fáciles que ni se huelen a qué les trajeron a éstas encerronas (bueno cotos, cotos).  En cambio, si nos rozan el vehículo, se cae el cielo.


Es mi opinión. Creo que todos tenemos la oportunidad de pensar. Las empresas como la de un ex-militar centroeuropeo que ofrece safaris de alto nivel, siempre viven de eso, de la necesidad tradicional de conseguir una foto como ésta de la derecha. Si nos preocupamos cuando vemos maltrato hacia adultos o hacia niños, cerca está siempre el maltrato a quienes no son humanos.

Dicho con respeto, y con sincera crítica constructiva. Con los toros, con éstas tradiciones, con éstas metas, poco tenemos que dar.

24 ago. 2012

Hay que ser pardillo...

Pardillo común (Carduelis cannabina)

Hoy, en el calor y sopor de la tarde, no dejaba de escuchar entre las ventanas de un patio, el continuo llamarse de dos pájaros, muy cercanos, sus llamadas resonaban en el silencio con descaro. 

Así, he comprobado que el macho se posaba y llamaba a la hembra, que se encontraba recolectando fuera de mi vista, en alguna casa. Cuando me dejé ver apareció ella, y tras irse ella, él se fue. Le pusieron el apellido específico cannabina en relación con su predilección por el cáñamo, lo cual me hace pensar: ¿tendré una factoría en las inmediaciones, y no me he enterado?


5 abr. 2012

la fuente

Estábamos mi amigo Jesús y yo planeando freír un poco de chistorra al aire libre, cuando nos encontramos con que nos habían atrapado el sitio, justo al lado de nuestra preciosa mini barbacoa: en la fuente. Estuvo una compañía entera de abejas visitando ordenadamente la fuente toda la tarde, sorbiendo el agua que escurría de las paredes, supongo que con algo más que con minerales, porque las señoras se colocaban escrupulosamente allá donde destilaba el agua de los musgos, la comunidad de hongos y algas. Tan entretenidas estaban que no nos molestaron ni un ápice. Y eso que podían haberse fijado en quien les tiene alergia, pero respetaron la tarde. Eso es compartir, y educación por su parte.

28 mar. 2012

el visitante de Marzo, el picudo de las malvas.

He pensado, ¿será posible que éste elemento haya confundido mi camisa con un pequeño campo sembrado? El gorgojo entró en casa completamente despistado:  no tiene nada que echarse a la boca, salvo, una planta en la terraza...

13 ene. 2012

las chicas pasan

Las"chicas" (las grullas) pasan todos los años. Todos los años merecen una fotografía. Su paso sobre nuestras cabezas es un lujo para no olvidar. Esperemos que no dejen de hacerlo.


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