Llevamos una buena temporada soportando y enriqueciéndonos al mismo tiempo con todo lo bueno y lo malo de este temporal: el agua necesaria, y las riadas y desbordamientos innecesarios, pero previsibles. En esta simple morada, no ha sucedido más que un continuo chorreo diario, intermitente e imparable, acelerado por el viento, de agua y después más agua. Con él, las interrupciones tan fáciles aquí de la electricidad, se han convertido en un "programa de nochecitas", y como consecuencia de ello, uno que escribe se adaptó a la situación prometiéndose a sí mismo no intentar hacer nada en el ordenador (ni trabajar, ni estudiar, ni escribir) hasta que la venia de los dioses lo diga.Y ahí estamos, entre apagón y noche, velas y linternas, charcos y paseos, sin tener ni el más mínimo problema. Porque eso no son problemas, claro está. Nada es comparable a la suerte total y definitiva que les ha llegado a algunos miles de personas, porque la Tierra es eso entre otras cosas: el azar de que un estornudo suyo nos lance fuera de todo. Un país (Haití) con casi 10 millones de habitantes, en una superficie equivalente a Galicia asentada sobre una placa que riñe con las que le tocan, sufre el bamboleo de un terremoto, y se queda mirando a la nada. No nos olvidemos de cómo vivimos, como los reyes de los cuentos. Como la princesa en carroza.
Es sobrecogedor lo que ha pasado. Las diferencias, lo que nos iguala.
ResponderEliminarY tus palabras son redondas y sentidas. Doy las gracias y me quedo pensando.
Y nos ahogamos porque nos falta la electricidad una hora, o llueve un pelín de mas y nos mojamos con los charcos, y un largo etc.
ResponderEliminarSiempre pienso que la primera gran suerte que tenemos es la posibilidad y la oportunidad de escoger.
Y la mayor parte del tiempo olvidamos que los que vivimos como los reyes de los cuentos y la princesa en carroza, aun siendo muchos, somos los menos en este mundo tan mal repartido; y ademas a un ritmo y de una forma insostenible, no sólo para nosotros, princesas en carroza; para todos.
Ni siquiera ante los estornudos de la madre tierra somos iguales.
"Y sin embargo, todo parece tan ilimitado".
Un abrazo Fer. Rasca a la jetas cuatropatas tras la oreja de mis parte.
Jesús.