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3 abr 2010
18 mar 2010
como una cabina telefónica
Hoy he recibido un correo (Monsanto, la multinacional química, tiene el campo abierto a los transgénicos en España) que me ha recordado dos asuntos pendientes por publicar, que merecen la atención. Estos dos asuntos son la intervención humana en los genes de los seres vivos (modificación genética) y la circulación ya permanente de sustancias químicas en nuestra vida.
Las cabinas telefónicas que usábamos hará 15 años, te obligaban a introducir monedas para poder efectuar una llamada. Cuando no disponías de cambio exacto, o no era posible esto, tenías que perder el dinero sobrante. Porque no merece la pena, es un esfuerzo inmenso, demasiado complicado, imposible llevar a cabo la reclamación por semejante importe, contra una compañía tan grande.
No, no estoy enfadado por eso, utilizo un símil. La cabina telefónica es un símil de lo que ocurre cuando sospechamos que algo es incorrecto, nocivo, tóxico, puede serlo, es un riesgo: pero nos damos cuenta de que el tiempo, el importe, el personal necesario y el esfuerzo para investigar, demostrar, denunciar, durante años, este riesgo, es una labor inasequible para un individuo. Este es el territorio en blanco que queda entre las grandes compañías farmacéuticas y químicas, y nosotros. Si creemos que un producto, un método, un procedimiento de trabajo es peligroso, u otro adjetivo más contundente, debemos salvar una distancia: demostrar que es así. Y esto es muy costoso. Bayer, es un ejemplo, y no el más grande. Viene al caso de la directiva europea que abre las puertas al cultivo de transgénicos en España, la papa no es la primera. Ojalá no debiéramos leer, comentar, escribir, escuchar o pensar sobre esto, pero esto es la atmósfera de sucesos en la que vivimos (leer más).Mientras tanto, en España, en cualquier población, el día que toque, seguimos concienciándonos y celebrando el día de algun ser vivo, poniendo carteles, editando cientos de trípticos, creando edificios de miles de euros para nuestra concienciación, desplegando al aire libre mesas con lunchs gratuitos para solaz de nuestra conciencia. Y con ello, y un bizcocho, somos felices. Felizmente idiotas.
8 mar 2010
la orientación, el norte, caminos
Cualquiera dirá que la foto está mal realizada por estar inclinada. Poco importa si refleja la situación por la que pasa una sociedad: debiendo servir de referencia a la navegación, sin embargo está inclinada hacia algún lado, de carácter dudoso. En Andalucía ocurre como en cualquier otro sitio pueda ocurrir: la vida, las prácticas, las personas, los hábitos, todo puede encontrarse de todos los colores. Encuentras andaluces muy grandes, con mente clara, personalidad y al tiempo sencillez; y andaluces pequeños, que nada tienen que enseñar a los primeros. Y esto no va por castas. Ni por clases sociales. Es una característica independiente del lugar geográfico o idioma, de la raza o sexo, la que se encuentra o no se encuentra, y permite que las cosas crezcan, o no crezcan: la dignidad personal. El andaluz digno (y los hay, es de verlo que los hay, un regalo) reconoce que en su tierra es tradición el hundir a las gentes en la continuidad de la ignorancia, de la tradición sin sentido, de lo fácil: y esto desde las instancias más poderosas, que no son únicamente ni las oficiales ni las legales.
Quiere la ironía ser que una tierra con especiales valores naturales haya sido secularmente abandonada y arrasada. Que el delito sea tan necesario en ocasiones que difícilmente sintamos que pueda ser juzgado. Que el abandono personal acabe con cualquier criterio indispensable en la vida. Que la sinrazón acabe convirtiendo en un loco a quien pretenda seguir siendo lo que es como se le permite, agricultor. Que se convierta en inteligencia el vivir riéndose de todo por costumbre y apego.
Hasta morirme me alegraré de ser independiente de raíz.
Hasta morirme me alegraré de ser independiente de raíz.
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6 mar 2010
una manta de gran grosor
Al hilo del silencio que mantenía hace ya meses, debido a lo fructífero de cuanto estoy aprendiendo del mundo por estos lares, de la mano de personajes que ahondan en nuestra "piel", he aquí un artículo seguramente demasiado específico y sectorial, pero a la vez un dardo en la sociedad de la cual conozco ahora algún aspecto escabroso un poco mejor que bien. Una manta de gran grosor, esconde capas de nuestra forma de vivir.Artículo ¿polémico?: Dispendio universitario en proyectos fantasma
Siempre me he preguntado qué impide ver que, en pleno 1700, 1800, 1900, se investigaba, aún con errores (algunos de ellos hoy corregidos, otros no), pero trabajando realmente. Yo sigo y seguiré negándome a digerir borbotones de palabras sin relacionarlas, por sistema, por empujón de la tradición educativa, sin un porqué interior que necesite y pida comprender: si no sentimos necesidad de salir de dudas, nada aprendemos. Siempre y gratuito estará el pensamiento de "no pierdas el tiempo, no seas tonto", pero no me vale.
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