Mostrando entradas con la etiqueta percepciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta percepciones. Mostrar todas las entradas

19 jun 2010

cúrese el que pueda

He podido leer con rapidez, antes de que me quedase sin red, el escrito, y en él el pensamiento y el sentimiento (ambas cosas) de una persona a la que, además de apreciar en la lejanía, respeto y tengo muy en cuenta.

Pareciera que nos encontráramos en hojas de un libro similares. Le comprendo muy bien. Recomiendo releerle. Es Hipatía.

Aunque no lo desee, el tiempo hace que acumule cada vez más la misma convicción. Estamos en tierra en la que, a quien piensa, o recapacita, o es autocrítico, o reflexiona, de forma veloz y contundente se le manda al hilarante cajón de los tontos, de los que pierden el tiempo, de los que se complican la vida por nada, de los que filosofean, de los que le dan vueltas al coco. Esta es tierra en la que nunca ha faltado ni faltarán excusas para no trabajar con la cabeza, para pasar de todo, para hacer lo bueno, pasarlo lo mejor posible. Lo mejor posible... se ve. Es una actitud infantil el negarse a reflexionar, y a buscar soluciones a nuestros errores (¡claro que requiere trabajo!). Es nuestra responsabilidad. También es infantil pretender permanecer toda la vida descargando la responsabilidad de cuanto nos ocurra en los hombros de otros (por encima nuestra, con mayor responsabilidad relativa). Es infantil dar por inalienable la seguridad, el bienestar, el ocio. La pretensión de vivir un mundo ideal y perfecto, que choca frontalmente con la esencia natural de la vida (azar, supervivencia, riesgo) es deseable, si no acabamos creyendo que es el verdadero mundo, la verdadera vida.


Si alguien lo duda, los números, en toda área de la vida, cumplen con su identidad: definen y marcan los siguientes números posibles. Cuando estudiaba la zoología, me daba cuenta de que en todas las estructuras, en los sistemas, en los órganos, manda la necesidad imperiosa de la economía, y esta empuja a que tengan posibilidades y éxito las estructuras que conservan una economía razonable: la que permite el entorno. En nuestro caso, hemos realizado un prodigio de derroche (y no lo digo solo en el aspecto literal monetario), y con él viene acompañándolo una borrachera. Y tengo la convicción de que a la borrachera le acompaña una adicción. Cúrese el que pueda. Hace falta un ejercicio intenso para ser objetivos, y reconocer el derroche, la desmedida de cuanto hacemos, consumimos, tenemos, hacemos o atesoramos. Sin personalizar, pero me parece que resulta brutalmente evidente. La comparación con otros es brutal, de muy mal gusto.

6 dic 2009

filosofía al atardecer, ¡con ganas!


¡Vaya título! Pues sí, belleza. A eso hemos venido, a decir lo que vemos, y lo que nos parece.

La razones por las que decidí llegar aquí por unos años son algunas más que estas, pero estas están entre ellas: mantiene cerca zonas en un estado cuasi virginal; está salpicada en derredor de cuevas pintadas por homínidos, de una vegetación bastante equilibrada, también de zonas batidas por la erosión, por ambientes diferentes pero muy significativos, sobrevolada dos veces anualmente por las aves migratorias, y se sigue viendo hacer "el amor" a plantas,  aves e insectos (los mamíferos son más discretos en todo).

Y con ello, es más destacable aún la distinta percepción que tenemos: los nórdicos rezuman cariño y tiemblan al pisar el sitio, los centroeuropeos o entienden o visitan, los fronterizos españoles dejamos pasar de largo el tiempo pasivamente, y los africanos lo recorren atentos en busca de sustento.

Estoy gratamente sorprendido del número de personas que he encontrado que están en una especie de impasse de reflexión, casi todas ellas en privado, y cuando se encuentran confiados hablando de lo que se les refleja dentro de sí mismos,  estallan, brillan.  No deja de pegar a la puerta la misma proposición siempre: "demasiada velocidad para no saber frenar". Poco hace que murió Lothar Bergmann, el protector de las cuevas de los Algarves: gracias, caballero.